Esta para los de: ¿Pero lleva nata? ¡Que yo no la quiero con nata! ¡Que la original se hace con huevo!
Que sí, que sí, que a estas alturas ya nos hemos enterado todos de que nos la han estado colando en mil restaurantes que decían ser italianos. Pero dentro de las “carbonaras originales” estaréis de acuerdo en que las terriblemente malas.
La que hoy te traigo es la que tiene que ser, ni más ni menos, y el local guarda una historia bonita que hace la pasta aún más especial.
Han sido muchas mis visitas a este número 21 de la calle Santa Ana. Soy del barrio, de toda la vida, pero nunca me había fijado en Nina Pasta Bar; así se ha llamado durante años este local…Siempre petado, pero petado nivel tener que reservar con semanas de antelación.
Al principio me pregunté si de verdad sería pa tanto… Pues sí, lo era…Comieras lo que comieras, todo era una maravilla. Con un plus, que si te lo ponían para llevar, en casa sabía exactamente igual…Mira que es difícil conseguir eso.
Un día, no hace muchos meses, se hizo el silencio en la calle Santa Ana…Nina nos dejó y con ella se fue de Madrid un trocito de la verdadera Italia. Durante mucho tiempo el local permaneció cerrado, pero yo solía acercarme con la esperanza de encontrar un cartel en el que dijeran: “Volvemos”.
Tanto paseo a mirar la cristalera ha tenido su efecto, Italia ha regresado a Santa Ana con la firma de Mandarosso. Yo, fiel a mi carbonara, ya la he catado y puedo decir que: OLÉ. El plato cunde, está fenomenal, sin dejarte sensación de pesadez.

Es un 10. Pero es que aquí parece haberse quedado la esencia de Nina y la lasagna al pesto es digna de otra matrícula. Palabrita de La Sibarita Infiltrada.

